La imagen de un niño corriendo por la playa, el sonido de las olas rompiendo suavemente sobre la arena, las gaviotas que protestan al fondo, la sensación cálida del sol en la piel, el gusto dulce y amargo de una taza de té, el olor a hierva y a flores mezclado suavemente con el aroma del mar, una pantalla en blanco y un montón de cosas que contar, que transmitir, que hacer traspasar la barrera del tiempo y perdurar en la memoria, pero esa pantalla en blanco es una barrera, un mundo donde todo es posible, un dique donde rompen las olas de mi pensamiento y que a veces es difícil traspasar. Mis dedos rozan las historias del otro lado, rozan con un tacto tibio el vidrio de la pantalla que se comienza a derretir. Primero la mano, el brazo, el hombro, cabeza, cuerpo y alma. Todo es blanco inmaculado, neutro, limpio, todo empieza de nuevo. Un avión surge del blanco perfecto de la pantalla. Desde la ventanilla se puede observar un hombre de unos 36 años, sentado enfrente de la pantalla de su ordenador. El avión pasa veloz y se pierde entre la niebla, todo es blanco otra vez. Silencio, de entre la niebla surge el sonido de llamada de un ave, un extraño sonido que viene del pasado. La niebla se disipa y se ve a dos hombres que caminan por un bosque frondoso. De entre la espesura del bosque surge el curioso pájaro, por un momento se para, mira a uno de los hombres y se vuelve a perder en la frondosidad del bosque. La niebla cubre los árboles y volvemos a la lechosa claridad de la que veníamos. El sonido seco de una roca nos saca de la uniforme monotonía, seguimos la roca que pasa a gran velocidad cerca de varias personas. Según va bajando la velocidad aumenta y finalmente se estrella contra el suelo. La niebla vuelve a aparecer y lo envuelve todo. Las gotas de agua caen al vacío,caemos con ellas, blancura y el sonido del viento, seguimos bajando hasta llegar al cristal de un viejo coche, en el interior un hombre mira por la ventana como ausente. La gota vuelve a caer está vez llegará al suelo pero en lugar de encontrar asfalto sigue cayendo y se va envolviendo poco a poco en una deslumbrante blancura y una ensordecedora ausencia desonido. El ruido de un motor rompe el silencio. Un coche se tambalea en una carretera, dentro tres personas miran al frente, no hay color en sus caras, el mismo color que lo rodeatodo. 
El mismo color que las líneas de una carretera, las líneas pasan a gran velocidad debajo de nosotros. Al fondo, en la carretera es posible ver un gran cartel, dentro aparece una palabra, WANAKA, estamos en la isla sur de Nueva Zelanda, en una ciudad al lado de un lago rodeada de montañas. En esa cuidad hay una peluquería y dentro una peluquera, es una buena persona y al oír a un hombre que habla de escalada en su mente se forma la imagen del material que tiene guardado desde hace más de un año en su casa, el mismo tiempo que tiene su hija pequeña. La carita de su hija pasa por su cabeza y en la comisura de sus labios se dibuja una sonrisa, se siente bien, es feliz y la gente feliz quiere ver feliz a todo el mundo. De su boca sale la frase y unas horas después un hombre de unos 36 años recoge unas bolsas del suelo, dentro se encuentra guardado todo lo necesario para escalar, una actividad que hace muy feliz a ese hombre, el hombre es feliz, y en la comisura de sus labios se dibuja una sonrisa. Da dos besos a la mujer y promete que le devolverá todo en el mismo estado en el que lo recibió. El hombre compra huevos, patatas, cebolla y aceite de oliva, entra en una cocina y prepara tortillas para todo el mundo. Todo el mundo es feliz.
Una pequeña carretera separa WANAKA de QUEENSTOWN, otra pequeña y turística ciudad en la orilla de un lago rodeada de montañas, en ella un montón de personas se relajan al sol y juegan con la adrenalina que segrega su cerebro cada vez que percibe una situación de peligro. Cuerdas elásticas atadas a plataformas, lanchas que pasan rozando puntiagudas rocas, aviones que sobrevuelan cumbres de montañas y miles de actividades que permiten segregar tan preciada droga. El hombre es feliz y no necesita segregar adrenalina, mira su bolsillo y prefiere guardar.
Una gota de agua cae desde la roca, vuela por el aire y se estrella contra la chaqueta roja de un hombre. Miles de hermanas gotas hacen los mismo. Bajo una gran cascada un grupo deturistas montados en un barco se remoja feliz, es lo que han pagado. Nos encontramos en un valle glaciar inundado por el mar llamado MILFORD SOUND. Las paredes de más de 1500 metros dejan escapar gran cantidad de agua en forma de maravillosas cascadas que rápidamente se pierde en el mar, pero no importa, este lugar es el lugar del mundo donde más agua cae del cielo.
Dos personas andando por el bosque, un bosque como de adas, han andado 3 días, 60 kilómetros y no han llegado a ningún lado, están en el mismo sitio donde empezaron. Estamos en TE ANAU, estas personas vuelven de hacer un camino muy bien delimitado llamado: KEPLER TRACK. Montañas, lagos, mares de nubes todo está bien guardado en el fondo de sus corazones. Dolor en las piernas y sonrisas en la comisura de sus labios, son felices.
Una extraña ciudad que recuerda a ciudades a miles de kilómetros de distancia. En esa ciudad hay una gran casa de más de cien años. Un hombre con el pelo largo soporta como una mujer le acusa con el dedo, el hombre no ha hecho nada y más tarde la mujer lo sabrá, pero eso no hace feliz a nadie. Acusaciones absurdas y amenazas salen de la boca de una mujer mayor, que guiada por sus prejuicios se equivoca y hace un flaco favor a la felicidad del mundo. Nos encontramos en DUNEDIN, triste cuidad fundada por escoceses al sur de Nueva Zelanda. Cerca, unos muros de roca, unas conversaciones con buena gente y el contacto con la felicidad hecha regalo en forma de material de escalada. Pingüinos y leones marinos aparecen en una playa con un mar enfurecido al fondo, en la comisura de los labios del hombre aparece una sonrisa.
Blanco otra vez, en la cima de esta montaña todo es siempre blanco. Es el capitán, el monte más alto, MONT COOK. Un hombre solo en una montaña, hace unos minutos que no sabe exactamente donde está el camino. Está escalando sin cuerda por un torrente seco de montaña. Su corazón bombea rápidamente y la adrenalina circula por su cuerpo. Por un momento siente un gran peligro, por su cabeza pasan imágenes de películas en las que montañeros pierden los brazos. Decide volver a bajar por donde ha subido aunque piensa que bajar es más difícil que subir. 27 minutos después encuentra en camino, la comisura de sus labios se curva ligeramente. Glaciares, lagos, montañas el hombre es feliz.
Todo es azul, un pequeño movimiento, pero es suficiente para que el ultra sensible oído de un delfín de cabeza blanca detecte la presencia de un pequeño pez que se pierde dentro de sus mandíbulas. Nos encontramos en AKAROA un pequeño pueblo, situado en una pequeña península al sur de Christchurt. Un grupo de humanos esta cerca pero esta vez no quiere jugar con ellos, es más interesante el sonido de las profundidades. Necesita comer gran cantidad de peces para mantenerse caliente en estas gélidas aguas. Un hombre de unos 36 años está en el agua, sus dientes chocan unos contra otros, un movimiento reflejo. Un delfín escucha ese sonido y por su cabeza pasa la imagen de un ser humano muerto de frío con los labios color púrpura, en la comisura de sus labios aparece una sonrisa.