miércoles, 29 de febrero de 2012

Decisiones bajo la lluvia

El sonido de la lluvia resuena en la estructura metálica que conforma el automovil en el que estoy refugiado. Son las 3 de la mañana de un 23 de febrero, el mismo día que tan malos recuerdos trae a la democracia española. El viento quiere jugar con este viejo coche, lo empuja juguetón meciendo mi cama y haciendo que la botella de agua que tengo bajo mis pies emita sonidos líquidos que recuerdan las reverberaciones de una cueva. Las luces de las farolas juegan con las gotas de lluvia que resbalan por los cristales bruscamente agitadas por las ráfagas de viento. Me encuentro en un parking dentro de la ciudad de Picton en el norte de la isla sur de Nueva Zelanda, un pequeño pueblo costero sin pena ni gloria que sirve de puerto de desembarco para todo aquel que llega desde la isla norte. Ayer la ventosa Wellington hizo honor a su nombre y no paró de soplar durante todo el día, viento mezclado con lluvia y lluvia mezclada con viento que invitaba a quedarse cerca de una estufa y mirar por la ventana mientras se escucha buena música con una taza de té o café entre las manos.

Decisiones, un viaje está lleno de decisiones, algunas acertadas algunas no, pero siempre con un denominador común, es imposible saber que hubiera pasado si... por lo tanto la mejor manera de afrontar una decisión es creer en ella y luchar hasta las últimas consecuencias. Tres días antes, en Turangi, me encontré en un cruce de caminos, presionado a tomar una decisión, seguir con Matthias y Clemens o continuar por mi cuenta, la seguridad de lo conocido o la incertidumbre de lo desconocido. Por aquel entonces no entendí la transcendencia de esa decisión para mis compañeros de viaje, decidí postponerla en el tiempo y continuar unos días más con ellos. El próximo destino fue Whanganui, ciudad a la orilla del rio con el mismo nombre que a parte de una torre de homenaje a los caídos en distintas guerras, algo muy habitual en Kiwiland, no tenía nada más de relevancia. Nuestra intención era quedarnos allí para poder realizar una de las mejores travesías en piragua de esta región. Finalmente se quedó en un par de días en el hostel escribiendo la entrada anterior de este blog, la colada y partidas de ajedrez. No llovía, lucía el sol, pero el problema de no tener un plan fijo es que muchas veces la pereza cobra más fuerza de la que se merece y se hace un factor determinante a la hora de tomar una decisión. Fue agradable, pero ya entonces me empezaba a sentir presionado por mis compañeros de viaje, gente muy maja y que merecen mucho la pena pero con más tiempo para hacer su viaje, más dinero y una forma distinta de disfrutar. No quiero hacer de este blog un gran hermano, pero creo que la gente que conoces es algo importantes en un viaje y, con el mayor respeto posible, no puedo pasar este capitulo sin describir un poco a mis dos compañeros y sus circunstancias. Todos recordáis aquel especulador sin escrúpulos y pequeñito con problemas intestinales que hasta ahora había sido para todos vosotros Clemens. Detrás de esas superficiales primeras impresiones se encuentra una gran persona: paciente, respetuoso, atento, con gran entereza y que ha estado viajando durante casi dos meses con una enfermedad molesta que no le ha permitido hacer prácticamente nada. No tiene fiebre, no le duele nada pero sus problemas le tienen atado cada poco tiempo a un lugar tranquilo donde poder hacer sus necesidades. Lo lógico en estos casos es ir a un médico, quedarse un tiempo en una ciudad hasta que todo se solucione y continuar con un viaje sin planificación pero con mucho tiempo por delante. Matthias, aquel regordete y simpático austriaco que me odiaba por llevarle a un volcán, que conoce a Clemens desde hace más de 10 años resultó ser una persona un tanto manipuladora, habituada a los chantajes emocionales y en mi opinión un tanto inmadura. Matthias piensa que la enfermedad de Clemens es algo más serio que una simple diarrea y cree que en unos días Clemens le va a abandonar para volver a Austria. Su plan desde que me conoció fue abandonar a su amigo en una ciudad mientras este se hacia más pruebas y continuar conmigo su viaje, algo confesado por él mismo.

La pequeña sonrisa en sus labios, su mirada de felicidad dentro de esos ojos cansados me convencieron de lo que sospechaba. La última tarde en Whanganui hablé con Clemens, le dije que debía ir al médico, que su problema seguramente no era grave pero cuanto más tiempo dejara pasar sería peor y no solo por la enfermedad sino también por el tiempo que estaba perdiendo en su viaje. Fue cuando le dije que lo más probable es que no fuera nada, que la sangre no significaba nada, que podría ser cualquier cosa, fue al mirarme con esa cara de felicidad cuando me di cuenta que estaba aterrorizado, y es fácil imaginar, solo, en la otra punta del mundo sin saber exactemente que le pasa y pensando que puede ser algo realmente grave. No ir al médico para no saber que tiene realmente, parece estupido pero es razonable. Conseguí convercerle fácilmente de que fuera al médico, conseguí convencerle que era lo mejor y pasara lo que pasara cuanto antes lo hiciera antes podría seguir o volver a su pais. Al día siguiente partimos hacia Wellington. La ciudad nos recibió con viento y lluvia, día gris, música lenta con sonidos de guitarra y voces rotas. Aquella noche Matthias me introduce en el tablero de su relación con Clemens y me cuenta que han discutido en la furgoneta y que Clemens no quiere viajar con él, pequeña dosis de gran hermano para el alma, y me pregunta si le importa que continue el viaje con él, todo esto con Clemens delante. Siento la presión y no me gusta, no me gusta sentirme presionado por la gente que me rodea, no me gusta nada. Mañana será otro día, lo tenéis que hablar, seguro que no es para tanto, consigo salir al paso pero esa noche decido separar mi camino definitivamente, me da mucha pena por Clemens, pero creo que es lo mejor. Wellington es una buena ciudad para las despedidas, cielos grises, edificios decrépitos, calles anchas, ráfagas de lluvia y viento, charcos y personas con al cabeza baja caminando entre las luces de los locales, buena música y ganas de quitarme el sabor amargo de la boca. No he visto gran cosa de la ciudad pero tendré que pasar por ella más adelante, nos volveremos a ver señora Wellington.

Son las 9 de la mañana de un lluvioso miércoles 22 de febrero. La furgoneta se aleja en dirección al hospital, espero que no sea nada Clemens, nos volveremos a ver Matthias, si pasais por Madrid tenéis una cama para vosotros en mi casa. La táctica de no hablar parece que funcionó, simplemente les dije que iba a coger el ferry esa mañana y que prefería ir solo. Pero el ferry no funcionó, por motivos técnicos tuve que esperar hasta las 8 de la tarde. Una decisión, un teléfono, una canción en la radio, una llamada y vuelta a empezar. Aquí estoy otra vez, en un Mcdonnals con mis dos amigos austriacos, sin hablar. Han estado en el médico pero no han solucionado nada, un médico de familia que ve normal todos los síntomas y que lo achaca a la diferencia horaria entre Nueva Zelanda y Austria, receta una medicina para ir al baño más a menudo hace unos análisis de sangre y se lava las manos. Nuestro viaje continua, juntos, juntos otra vez, consiguen reservar para el mismo ferry que yo y esa noche a las 23:30 llegamos a Picton.

Decisiones, a veces dificil de tomar pero siempre dificil de olvidar preguntarse que hubiera pasado si... pero son las que conforman nuestras vidas, de ellas dependen nuestro viaje y nunca sabemos si hemos elegido bien porque muy pocas veces podemos saber que pasó en el otro lado. Enviado desde Catch Notes para Android https://catch.com
















domingo, 19 de febrero de 2012

Caminando por el slackline (la cuerda floja)

Sigue, sigue, continua, es fácil, no te rindas, tu puedes, no pienses en el objetivo, solo camina, camina sin caer, al fin al cabo la caída no es tan mala, no eres tan especial, hay mucha gente que ha hecho lo mismo, sigue, sigue caminando. Siento el tacto de la cinta bajo mis pies, su temperatura, su rugosidad, su humedad, se que estoy llegando, pero no quiero pensarlo. Sigue caminando, no escuches el ruido de ahí fuera, sigue caminando... una bonita metáfora de lo que estoy viviendo, de lo que vive todo el mundo esté donde esté, lo importante no es donde llegas sino seguir caminando incluso cuando caes, cuando todo se pone en contra, no sabes que hay al final del slackline pero eso es lo de menos.

Escribo esto después de haber leído vuestros correos de apoyo y en muchos casos de envidia, envidia cochina. Deciros que esto no es ni tan fácil ni tan dificil como parece, esto se parece mucho a España, pero más verde, llueve mucho más ,hay menos gente y la que hay habla raro, pero en esencia es igual. Ahora he cambiado de compañeros de viaje, voy con dos austriacos que viajan en su propia furgoneta, gastan y me hacen gastar mucho más que mi gran amigo Joern "El agarrao". He pasado cinco noches en Raglan de relax total y ahora voy camino de Taupo ( que dicho rápidamente suena igual que si te pregunto si quieres que te ayude a subir a algo... te aupo?, jachondo!). Taupo es un pueblo que parece un centro comercial, sí, aquí lo normal es tener una naturaleza impresionante y arrebatadora salpicada de "towns" muy parecidas a las rozas village. Que se le va a hacer, kiwiland no lo puede tener todo, es imposible. La zona central de Neuseeland (esto está en alemán) o también llamada meseta central, está salpicada de volcanes. Aquí es normal que las calles huelan a huevos podridos y nos es porque estén sucias... es por que las emanaciones afloran en cualquier parte, y ya sabemos todos como son las emanaciones. Tanto en Taupo como en Rotoura es fácil encontrar hotsprings (manantiales calientes) naturales donde darse un bañito de lodo caliente y maloliente que tanto gusta a algunas personas, yo he preferido alquilar una bicicleta e irme a visitar las cataratas Huka (Huka falls).

Matthias, es un austriaco muy simpático con mucho sentido del humor que antes era IT consultant, es decir, el que arregla los PC's en una oficina. Dejó su trabajo hace dos meses para venirse con su amigo Clemens a pasar 6 meses a Neuseeland. Clemens es aquel especulador que os hablé, que resultó ser un pequeño austriaco con problemas intestinales peregnes y que ahora tengo delante de mi haciendo sus ejercicios matinales, abdominales, fondos y todo tipo de cabriolas... pero por ahora no voy a hablar de Clemens. Estamos en un bosque cerca de Tapuo, Matthias y yo, montados en sendas bicicletas, camino de las cataratas Huka, son las 11 de la mañana de un jueves 16 de febrero de 2012 y la cara de Matthias todavía conserva su color natural. Bueno, más bien rojizo, el sol brilla y somos felices. Las cataratas son muy interesantes ¿Qué decir de ellas?  Pues que es una turistada y que veáis las fotos, nada más. El tiempo y los kilómetros pasan y la responsabilidad pesa sobre mis hombros. Nos encontramos a más de 20 kilómetros de nuestro punto de partida. La cara de Mathiu, que a veces cambia de nombre a su versión en inglés y cuando está cansado más, es... indescriptible, rojo, azul, negro... me mira con odio, pero dice que esta bien mientras jadea. Son las 4 y media de la tarde y las nubes de la mañana han ido evolucionado convirtiéndose en unos gigantescos nubarrones negros que amenazan lluvia con truenos y relámpagos. Al principio la lluvia no molesta mucho, pero el viento y los relampagos asustan un poco. Al cabo de unos minutos la lluvia comienza a molestar, es casi granizo y en pocos segundos tengo los calzoncillos empapados... y el resto de la ropa también. La escena es épica, hemos dejado el bosque detrás y nos hemos decidido coger una carretera demasiado buena para mi gusto. Los coches pasan a nuestro lado a gran velocidad y apenas tenemos arcén para circular, suerte que esto es Neuseeland y no pasan muchos coches. En la espesura de la lluvia torrencial se divisa un español con pelo largo a lomos de una bicicleta de montaña de alquiler. Esta a punto de llegar a una de las miles de colinas que pueblan esta tierra, se levanta en la bicicleta y continua pedaleando como un titan en busca de la gloria. Unos cien metros más atrás un austriaco azul marino perjura palabras en el dialecto aleman en el que habla, se que me odia, pero no mucho y no por mucho tiempo. Son las 7 y media de la tarde, devolvemos las bicicletas, escurrimos la ropa y nos vamos a cenar a un thai cercano, que aquí se cena muy pronto.

Después de un dia de descanso, rocódromo y de haber cambiado de town, ahora estamos en Turangi, al norte de Taupo, un pequeño pueblo que sirve de base para una de las caminatas más bonitas y espectaculares que se pueden hacer en Nueva Zelanda: La Tongarino Alpine Crossing, una preciosa ruta de 19,4 km y casi 1000 metros de desnivel. Son las 9 de la mañana de un precioso sábado 18 de febrero, Matthias y yo nos disponemos a empezar nuestra nueva aventura, en la que definitivamente me odiará para siempre. Clemens, ¿Qué pasa con Clemens? ¿No hace nada? No, la verdad es que no, tiene un problema en el instestino y se pasa en el baño la mitad del tiempo, es un caso a parte para estudiar detenidamente. Por lo visto lleva así más de un mes, todo el tiempo que ha estado en Neuseeland, por lo tanto no ha visto nada de nada, solo los baños de todos los hostel donde han parado. Mathiu ha intentado convencerle para que vaya al médico pero nada y la verdad es que Clemens es un tipo majete con el que se puede hablar de muchas cosas, pero no quiere ir al médico, que se le va a hacer. Dos horas despúes llegamos a la base del volcán Ngauruhoe, más conocido por todos los freaks como "La montaña del destino" puesto que fue aquí donde Peter Jackson rodó maravillosas escenas en las que un jadeante Frodo arroja su "tesoro" al crater de este volcan. Un cartel en la base dice "Volcan Ngauruhoe, 3 horas ida y vuelta". Miramos al volcan y justo en ese momento el manto de nubes que lo ha estado ocultando todo el rato desaparece y podemos observar ese gigante modelo de volcán que nos mira desafiante. Efectivamente si algún día tengo que rodar en un volcán rodaría en este, es casi perfecto, es cómo el trabajo de pretecnología de octavo de EGB (ya lo se, soy mayor) solo le falta el vinagre y el bicarbonato, y ser un poco más pequeño.

Rooock!!! Watch OUT!!! Rock!!! una gran piedra de unos 20 kilos y unos 50 cm de diámetro cae ladera abajo a gran velocidad. Un grupo de orcos en posiciones superiores la han arrojado a los que nos encontramos más abajo. La roca pasa a unos 20 metros de donde yo estoy, no veo a Matthias que hace tiempo he dejado vilmente detrás de mi. La pendiente ronda el 100% en algunos puntos, es decir subes un metro por cada metro que avanzas. Hordas de orcos tratan de llegar a la cima, la niebla no deja ver a más de 20 metros de distancia, las piedras caen por un lado y por otro, el cansancio no deja pensar y yo siento que estoy viviendo una de las situaciones más peligrosas que he vivido en este pais, y no encuentro a Matthias. Es prácticamente imposible, la niebla y las rocas que he superado no me dejan ver más abajo. Trato de seguir mi camino hacia la boca de Amon Amarth (nombre élfico de la montaña) pero el suelo se desmorona bajo mis pies, no quiero tirar ninguna piedra a los orcos que me preceden, es dificil pero poco a poco voy ganando altura. Las nubes no han dejado ni un momento de tregua y el espejismo del principio no se ha vuelto a repetir, al llegar a la cima un pequeño claro me permite divisar el anillo perfecto del crater, es espectacular, las fotos no pueden reflejar ni una décima parte de lo grande y sobrecogedor que es esto, pero dura muy poco tiempo y pronto todo vuelve a estar lleno de niebla. Aquí estoy a punto de arrojar mi "tesoro" y ni siquiera veo donde va a caer, esperando que Matthias no haya muerto aplastado por alguna de las múltiples rocas rodantes que han caído durante el camino. Estoy a 2287 metros de altura y el frio empieza a entrar en mi cuerpo, llevo más de media hora esperando y no se ve ni rastro de Mathiu, el resto de los orcos llegan a la cima, hacen fotos y bajan pero yo permanezco allí, esperando, preocupado, oteando la ladera en busca de señales de mi compañero que ya hace horas abandoné. Estaba a punto de abandonar y emprender mi regreso cuando veo aparecer la figura desencajada de Matthias entre la niebla cual titan avanzando unos metros y retrocediendo otros por efecto del desprenimiento de las cenizas del volcán. Cuando llega hasta mi lado, siento sus ganas de arrojarme 60 metros abajo por la boca del volcán, pero no lo hace, jadea y me mira con ojos aterrorizados mientras me dice que le da un poco de mal rollo la altura (Cómo diría mi gran amigo Jose Luis en la cima del Picu Urriellu: ¿No tenéis miedo? ¿No veis que vamos a morir?) La sensación de verticalidad en la cima del volcán es apabullante y le entiendo. Aun nos queda la bajada y los 11 kilometros y medio hasta el final del camino. Cuatro horas después llegamos al mismo punto donde el volcán nos guiñó un ojo y nos conquistó, sigue nublado y no volvemos a verlo pero ahora lo miramos con más respeto y viendo las personas que ahora suben, pequeños puntos en su ladera, nos hacemos a la idea de lo que acabamos de hacer. En ese momento se que Matthias me odia de veras, y más después de que bajando la montaña una piedra le cayera en la mano justo después de resbalarse y proclamara un juramento élfico que se pudo oir desde Mordor a la tierra media, y que sonaba muy parecido a ME CAGONTOOOO!!!. El camino que nos quedaba por recorrer era precioso, espectacular, de 10, lagos volcánicos, paisajes hermosos, manantiales de aguas termales humeantes, y el final en un bosque de leyenda por el que fuimos caminando por la orilla de un ruidoso torrente, junto a cascadas y puentes. Pero se que mi compañero no lo disfrutó, caminaba taciturno, con la cabeza baja, sin energía, me llegó a decir que había llegado al límite, que no aguantaba más, menos mal que no fue así porque remolcar 88 kilos bosque abajo tendría que haber sido muy duro. Al final se que en la memoria quedará lo bueno, y lo bueno son más de 10 horas caminando, 23 kilómetros y un desnivel que rondará los 1800 metros, una señora paliza.

Por cierto al final llegué al otro lado de la cuerda floja, estuve varios días intentando cruzarla en el hostel de Raglan y una noche lo conseguí. Todo el mundo miraba y eso simplemente hubiera bastado para desconcentrarme en otro momento, pero llegué al final y no llegué a ningun lado, estaba todavía ahí rodeado de alemanes, canadienses y americanos, y lo único que llegué a comprender es que todavía me queda mucho camino por recorrer.






















lunes, 13 de febrero de 2012

Buscando olas en Raglan

Son las 9:47 hora local del 10 de febrero de 2012 me acabo de preparar un entrecot como una casa, cuya foto publicaré cuando suba este post. Hoy finalmente ha sido el último día que he estado con Joern, al final se ha venido conmigo 400 km más hasta Hamilton, una ciudad al sur de Auckland que tan buenos recuerdos le trae a algunas personas... supongo. Este entrecot es la autorevancha que me tomo después de estos días de carestía con Joern, y la verdad es que solo me ha costado 7,50 $ (unos 4 €), más o menos... así que tampoco es para tanto. Aquí la carne es muy barata y el pescado es prácticamente imposible de consumir. Acabo de llegar a Raglan, en la costa oeste de kiwiland a un hostel lleno de jente joven y surfera que hablan inglés a toda leche, en fin, espero poder surfear y aprender algo con esta gente. En un principio me habían puesto en una habitación de 3 personas hecha un desastre que resulta que iba a compartir con otras dos chicas... la cosa pintaba bien, pero parece que era un error y me han puesto en otra compartida con una pareja. Mañana espero poder surfear por primera vez en las aguas del mar de Tasmania.

Llevo un par de días en Raglan, un sitio muy agradable, la verdad. Poco a poco voy conociendo a la gente que se aloja en el hostel, al principio todos me parecían surferos freaks pero después de estos dos días me estoy dando cuenta que son simples mochileros jóvenes con ganas de relajarse y vivir unos días tránquilos en estas maravillosas playas. Mi aproximación a la población actual del hostel ha sido bastante gradual y con mi pobre inglés me he podido hacer paso entre esta gente. Alemanes, holandeses, americanos y franceses son las nacionalidades que componen esta gran familia, bueno y un argentino que vive en barcelona con el que coincidí unas horas justo antes de partir rumbo a España otra vez.

Las relaciones sociales dentro de un sitio como este son muy curiosas, conoces todo tipo de gente con todo tipo de aventuras que contar. La verdad es que mi nivel de inglés hablado es algo peor que el escuchado pero lo intento lo mas hard que puedo, pero comprendo que es dificil hablar con alguien que se tira dos horas para decir una frase coherente, pero bueno, soy muy pesado y a base de insistencia me he conseguido enterar de alguna que otra cosa. Hablé con una pareja de americanos de California que habían juntado 2 meses para venirse a Nueva Zelanda, habían estado trabajando algunas semanas haciendo wwofing (trabajo a cambio de alojamiento, ya hablaré más adelante en este blog) y ahora volvían a su casita, una pareja de holandeses que habian empezado su viaje en banghog, después Australia, Nueva Zelanda y cuando hayan pasado unos meses aquí haciendo woofing iban a seguir su viaje rumbo Santiago de chile, Perú, Estados Unidos... y más sitios, un total de 10 meses, impresionante!!! se me pusieron los dientes tan largos que hice dos surcos en la arena, un especulador Austriaco que jugaba con todo tipos de mercados para conseguir dinero y que ahora estaba trabajando desde Nueva Zelanda porque puede trabajar desde cualquier parte del mundo. La pregunta es ¿Qué hace un especulador, que se supone gana mucho dinero en un hostel de 18€ la cama en habitación compartida? bueno, supongamos que simplemente quiere conocer la experiencia. He conocido gente que viaja sola y que apenas habla, como el primer chico con el que fui a la playa llamado Daniel que apenas decia una palabra, o como la chica alemana que se pasa el día tumbada y leyendo libros... o el chico Noruego que vaga de un lado para otro con cara larga... o la otra chica Alemana con la que tuve una conversación transcendental en grupo junto con el especulador y dos chicas de 23 años que no aportaron mucho, sobre el sentido de la vida y que hay que hacer para conseguir estar bien con uno mismo... la verdad es que hay mucha gente que viaja sola, y muchas conversaciones transcendentales... la de ayer fue la tercera que he tenido. También he conocido una francesa que no para de hablar y que la verdad es la definición más aproximada de gabacha de los cojones que conozco, atesorando frases como: "Los españoles no son capaces de pronunciar cosas que yo si soy capaz de aprender en dos o tres minutos"... la reté a decir El perro de san Roque no tiene rabo porque Ramón Rodriguez se lo ha cortado... no fue capaz, fuck you!!. En definitiva miles de historias en forma de personas.

Mientras escribo esto puedo escuchar la lluvia cayendo fuera de edificio, hoy ha sido un día neozelandes 100%, lluvia, sol, lluvia, calor, no tanto calor... lluvia. Las ventanas están abiertas y una agradable brisa con aroma a barbacoa entra por la ventana, es un chaparrón de verano y la verdad es agradable. Por cierto en este hostel hay un gato exactamente igual que luna... para los que la conozcan.










Backpackers!!! (Mochileros dabuti)

Este post no tiene caracter cronográfico es por así decirlo un especial. Mi primer especial, estoy emocionándome... que mono soy.

Detrás de la palabra backpacker hay un mundo nuevo que no os imaginais, un lugar en el que las habitaciones se comparten, hay grandes salones en los que se puede hacer lo que quieras, grandes terrazas donde los backpackers intercambian experiencias, grandes cocinas donde los backpackers hacen sus grandes comidas, grandes alfombras donde los backpackers acostumbran a ir con sandalias o directamente descalzos. Aquí todo se comparte, en una cocina de bakpackers, es decir mochileros, que se precie hay carteles por todos los lados indicándote que tienes que hacer con todas las cosas que puedes encontrar ahí. Carteles que te indican cómo reciclar, cómo limpiar los platos compartidos después de usarlos, donde están cada uno de los utensilios que tienes disponibles dentro de la cocina. Es como una gran familia, que sorprendentemente no funciona tan mal como podría imaginarse. Los backpackers de Nueza Zelanda tenemos carnets, uno se llama BBH y el otro que conozco se llama YHN con estos carnet obtienes descuentos en los establecimientos adheridos a cada uno de los carnets. Es todo muy bonito, precioso, muuuu rico y por un maravilloso precio que oscila entre los 21 $ y 27 $ (14 a 18 €).

City Garden Launge, gran casa de unos 90 años (la verdad es que ni idea pero supongo yo) situada en uno de los barrios más cool de Auckland llamado Parnell, en este acogedor albergue podrás encontrar un ambiente mochilero compuesto por visitantes que acaban de llegar a kiwiworld y otros que están a punto de marcharse a sus paises correspondientes. La conversacíon empieza con un Hello o How're you dude y suele terminar con un Enjoy your trip. Cómo dije en el primero post, las guias Lonley Planet echan humo y sentado en el comedor principal puedes ver pasar a todos sus huespedes, que no son pocos, atareados con las guias debajo del brazo. Este fue el primer hostel en el que estuve por recomendación de Jadiya (por cierto, un beso muy fuerte) con muchas posibilidades gracias al gran número de instancias comunes que posee. Aquí conocí a Joern y mantuve mis primeras conversaciones con otros mochileros.

Mousehouse Backpackers en Paihia, el más agradable de los que he estado hasta ahora y el más barato. Grandes salones y grandes habitaciones con ambiente juvenil de guiris tostados en el cancerígeno sol de las costas de Nueva Zelanda.

Marco Polo Backpackers en Orewa, a medio camino entre Auckland y Paihia un pueblo muy bonito y turístico por su proximidad a Auckland que no aparece en ninguno de los circuitos habituales de los mochileros, el resultado, un sitio con muchas posibilidades pero más raro y sospechoso que un gitano haciendo footing. Parece que no hay nadie alojado en él pero en mitad de la noche aparecen dos mujeres entradas en kilos se meten en el baño y no salen... muy curioso.

Raglan Backpackers Hostel, el sitio donde estoy ahora, un sitio realmente cool, te dejan todo tipo de material para que te lo pases genial, palos de golf, bicicleta, canoas, barquitos y todo tipo de chorradas, el alquiler de las tablas de surf es un poco más caro pero bueno.