Primeros pasos en Auckland La vida en un hostel de mochileros es curiosa, todo el mundo sonrie cuando pasas sin tener muy claro en que idioma dirigirse los unos a los otros. Finalmente el idioma más utilizado es el inglés. La gran mayoría de la gente en este hostel es alemana, pero también hay muchos ingleses, algún japones y algún que otro israelí. Este hostel tiene una cosa bastante buena, hay un montón de instancias que son compartidas, un gran salón, un sitio para comer, la cocina... el jardín. Todo rezuma actividad desde las 9 de la mañana a las 9 de la noche, gente yendo de un lado para otro, las guías Lonley planet echan humo y las cabezas se afanan por hacer planes. Aquí prácticamente todo el mundo viene sin ningún plan establecido, los que están de regreso cuentan sus experiencias y los que acaban de llegar buscan la mejor manera de no perderse nada. Los primeros días son siempre un poco extresantes, llegas exhausto del viaje con jet lag y además, en mi caso, te has puesto unos objetivos muy concretos que hay que cumplir si quieres que tu viaje llegue a buen puerto, o al menos eso pensaba en esos momentos, ahora han pasado unos días y ya no estoy tan extresado.
En el banco de Nueva Zelanda empecé a darme cuenta que este pais es distinto. Nada más entrar un chico muy simpático y sonriente se acercó a mi preguntándome si necesitaba ayuda. Pronto estaba hablando con otro compañero y en un momento tenía la tarjeta en mi mano dispuesta a echar humo mientras la exprimo al máximo. Un paseo por una calle comercial cercana al banco y sin darme cuenta ya tenía un móvil operativo con un nuevo número kiwi.
¿Es necesario pagar los 10 dólares que pone ahí? no, ese es el precio de la entrada, pero es voluntario, muy bien, toma 5 dolares. El museo de Auckland es una mezcla heterogenea de exposiciones donde en una sala hay una gran canoa maorí usada por los primeros pobladores de Nueva Zelanda para llegar hasta aquí y en la de al lado un montón de muebles ingleses horribles del siglo XVIII, en la siguiente un volcan en erupción y en la otra la representación de un manglar de la zona, en la siguiente un muro con inscripciones de los caídos por la patría en las confrontaciones en las que los kiwis se han pegado con el mundo o aviones de la segunda guerra mundial. Es un poco triste ver un museo solo, sobre todo si eres tan tonto como yo que se te ocurren gilipolleces a cada cosa que ves y no tienes a nadie a quien decirselas. Bueno, me las digo a mi mismo y procuro que los otros visitantes no me vean mientras me rio. Observando a la gente que visita el museo me siento reconfortado cuando constato que hay un porcentage bastante alto de personas que lo están visitando sin más compañía que el de sus inseparables ejemplares de la Lonley Planet.
En las cuatro noches que he pasado en el hostel en una habitación de 3 personas han pasado un total de 6 personas más como compañeros, con un total de 4 nacionalidades distintas, alemanes, canadienses, ingleses e israelíes. Casi tan cambiante como la nacionalidad de mis compañeros de habitación es el tiempo en esta ciudad. En Auckland el tiempo solo acompaña a veces, aquí todos los días llueve y hace sol, todos los días hace frío y hace calor. Una mañana salí a dar una vuelta justo después de que dejara de llover con camiseta de manga larga y sudadera, llegué a una piscina justo a la orilla del mar y un muelle donde te puedes bañar llamado the Auckland baths, que curioso verdad?... y me tuve que dar el primer baño en las aguas del oceano pacífico en calzoncillos de mi vida, son unos calzoncillos muy bonitos por lo tanto nadie me lo reprochó. Ese mismo dia había estado mirando varios anuncios de venta de coches y decidí escribir un mensaje sms a todos ellos preguntando si podría ir a ver el coche. En muy poco tiempo me habián contestado todos y en unas cuantas horas me encontraba viendo coches de segunda mano ideales para mi viaje. Por fin decidí comprar el coche de unos chicos israelies muy majetes que además del coche me vendieron un montón de utensilios para hacer camping y poder vivir prácticamente sin nada más en la naturaleza y todo por la fabulosa cantidad de 1800 €, se trata de un subaru legacy del 1996 con bastante buena pinta y cambio automático.
Despues de un día entero entre la revisión mecánica del coche, arreglar los papeles, muy sencillo por cierto, se hace directamente en una especie de tienda de correos donde se puede hacer un montón de papeleos que en españa es necesario hacerlos en un sitio más oficial. Ya tenía coche con todos los papeles en regla, solo me faltaba un compañero/a de viaje. Esa misma noche estuve en el Albert Park viendo una especie de feria asiática muy interesante en la que comí rollitos de primavera y me deleité con las formidables fallas de shin chuan... es decir unos farolillos de papel iluminados con lamparas en el interior... ver las foticos adjuntas ;)
Desde que he llegado he tratado de hablar con todo el mundo siempre que me era posible, unas veces con mejor resultado que otras. Cuando me compré el coche decidí decirselo a todo el mundo con la intención de conseguir un compañero de viaje. Resulto que uno de mis compañeros de habitación un chico aleman de 28 años Llamado John (aunque luego resultó que era Joern) llegado dos días después que yo, estaba en mi misma situación. Él me comentó que quería ver la isla norte y que lo haría en autobus, le comenté si quería venir conmigo y así salía más barato y así fue como empezó la siguiente etapa del viaje.
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