Hoy hace cinco semanas que llegué a Nueva Zelanda y es curioso porque a veces me parece que ha pasado toda una vida y otras veces me parece que fue ayer cuando escribía "all around the world" las cosas que me pasaban por la cabeza montado en el asiento de un avión. El caso es que después de este tiempo en este país de gente abierta y maravillosa solo puedo decir que me siento como un auténtico... turista. Por supuesto la culpa de esta circunstancia es mía y solo mía, puesto que lo único que he hecho en este país es turismo, viajar de hostel en hostel intercalado con alguna noche en algún camping o en algún parking. Solo he conocido turistas y solo he hecho las cosas que hacen los turistas y hay que decir que una de las cosas que más suelen hacer los turistas en este pais es conducir. Conducir por estrechas carreteras con excelentes vistas pero sin arcén con un firme en excelente estado, muy poco tráfico y compartidas con numerosos ciclistas que sufren con las innumerables cuestas que pueblan este pais. La segunda actividad más prácticada por los turistas en kiwiland es servir de alimento para las sandflies, unas pequeñas moscas que no se cansan de morder a cualquiera que ande desprevenido.
La carretera entre Franz Josef y Wanaka no es espectacular, no, es mucho más que espectacular. Hoy es domingo 4 de marzo y es uno de los días más bonitos que he tenido en estas 5 semanas de viaje. Cielo completamente despejado, glaciares, selva y mar se juntan para formar uno de los espectáculos más impresionantes que nos puede brindar la madre naturaleza. Una autoestopista de Canada nos dice que unos kilometros más adelante de donde la tenemos que dejar hay una playa donde se pueden ver delfines jugando entre las olas. Conseguimos ver un par de ellos, awesome!! Ciertamente es impresionante lo cerca de la naturaleza que se siente el turista en esta tierra. Un rato después la romería de turistas abandona la playa y mientras es acribillada por las sandflies repasan en sus cámaras las imágenes que han capturado. Subimos al coche, Sandra, Tobbi, unas 10 sandflies y yo. El ruido del motor al ponerse en marcha recuerda la tos de un fumador empedernido. El sonido del motor, la música y el viento nos acompañan mientras admiramos las maravillosas vistas que nos brinda esta tierra. Todo es perfecto si no fuera por el agudo pinchazo que siento en la espinilla produccido por la picadura de una de las sandflies que no ha salido volando por la ventana, con la mano izquierda y sin soltar el volante consigo alejarla de mi pierna. Súbitamente el tiempo se detiene, todo lo que antes estaba en movimiento ahora está congelado en el aire, una decima de segundo antes una voz en alemán me puso en alerta. Detrás de mi, Tobbi, mira al frente con ojos desorbitados, Sandra suelta el mp3 que queda suspendido en el aire, las particulas de polvo cruzan lentamente los rayos de sol que atraviesan el coche mientras el lento aleteo de una sandfly la aleja de mi mano. Mis ojos giran lentamente y subitamente la imagen invertida de un todoterreno azul se forma en mi retina, esta imagen es convertida en impulsos eléctricos por los bastoncillos y conos que la pueblan, estos impulsos llegan casi instantaneamente a mi cerebro que al cabo de menos de una décima de segundo interpreta la situación y procede a realizar la maniobra de evasión para evitar un impacto fatal. Dos vehiculos a una velocidad aproximada de 80 km/h se acercan por el mismo carril de una carretera, la distancia inicial es de unos 20 metros, el tiempo de reacción tiene que ser menor de 3 décimas de segundo y la maniobra total no podrá durar más de 6 décimas de segundo. Neumáticos, estado de la carretera, suspensión, inclinación de las ruedas al tomar el giro, todos estos factores son determinantes para precedir la posición del vehículo una vez sorteado el obstáculo. Mientras una parte de mi cerebro calcula todas estas coordenadas de manera automática la otra parte se prepara para una posible situación de peligro inyectando adrenalina en el torrente sanguineo. Las proteinas encargadas de fijar los recuerdos en mis neuronas se ven afectadas por este súbito aumento de la adrenalina, ahora el tiempo se hace más denso, pasa muy despacio, se percibe como algo material con capacidad de deformación...
10 días antes estamos en un coche, en mitad de la noche, aguantando las sacudidas del viento y meditando sobre las decisiones que se toman en la vida. Un sonido seco, como de algo chocando contra el cristal, me despierta súbitamente. Un empleado de limpieza en perfecto kiwinglis me dice que mueva el coche inmediatamente si no la policía podría ponerme una multa de 150 dolares, a la decimonovena repetición entiendo que él no es policía, que no me va a poner una multa y que simplemente me está avisando. Había aparcado en una zona de minusválidos. Esa mañana partimos desde Picton hasta Nelson para encontrarnos con Sandra, una nueva compañera de viaje, que para sorpresa de todo el mundo es alemana. Nelson es una pequeña ciudad al norte de la isla sur que sirve de base para una gran variedad de actividades, entre ellas la visita al parque nacional Abel Tasman, uno de los lugares más turísticos de este pais, donde poder encontrar turistas de todos los colores, sabores y tamaños. Este paradisiaco lugar lleno de paradisiacas playas, bañadas por un paradisiaco mar azul surcado por paradisiacas lanchas rápidas que transportan turistas a cada una de las paradisiacas playas donde les esperan unos paradisiacos kayaks que por un módico y paradisiaco precio pueden ser usadas por los paradisiacos turistas, es el lugar elegido por una colonia de paradisiacos leones marinos para criar a sus pequeñines y hacer las delicias de todos aquellos que los visitan. Transporte en acuataxi 60 dolares, alquiler de un kayak 80 dolares, dormir una noche en las bodegas de un pequeño barquito en una litera muy parecida a un zulo, con cena y desayuno incluido 115 dolares... poder mandar fotos a los colegas para que se mueran de envidia no tiene precio... para tolo lo demás Mastercard. A pesar de ser turístico, la visita merece la pena, es uno de los parques nacioneles más pequeños de Nueva Zelanda en el se encuentra una gran variedad de aves y de plantas autóctonas, todo ello aderezado con playas de arena blanca bañadas por un mar azul turquesa, ver las fotos para convencerse. A parte de la visita, la gente que conozco allí merece la pena. En este barquito conozco a Elisa, la primera turista española que conozco. Una fantástica persona.
6 días antes... haciendo cosas de turistas, viaje a Westport, paisajes impresionantes, selvas, acantilados, montañas... 5 días antes... Pancake rock, olas espectaculares. Parada en Greymouth de 2 días, colada, relax, partidas de ajedréz. 3 días antes... Llegada a Franz Josef con varias caminatas espectaculares. En el interior de un tunel cavado por los primeros habitantes europeos de la comarca, que quisieron explotar todos estos rios en la fiebre del oro de finales del siglo XIX, encontramos glow worms gusanos pegajosos, que utilizan su abdomen luminiscente para atraer insectos. 1 día antes admiramos vistas impresionantes del glaciar Franz Josef desde la excelente ruta, Alex Knob, de 7 horas de duracción. El mismo día conozco a Tobbi, que para variar es Aleman. Estudiante de forestales y amante de la naturaleza nos acompaña hasta wanaka.
Todos estos recuerdos flotan en el aire mientras el coche comienza a girar lentamente, la fuerza centrífuga empuja la suspensión hacia la parte exterior de la curva, inclinando las ruedas hacia el todoterreno que circula en dirección contraria. Al principio comenzó como un pequeño sonido sordo, pero poco a poco el chirrido de las ruedas al ser desplazadas lateralmente es perfectamente audible. El coche en el que viajamos está totalmente inclinado y prácticamente todo el peso está soportado únicamente por las dos ruedas de un lateral, hemos conseguido girar y parece que la colisión no se va a produccir pero todavía queda la parte más peligrosa, ahora estamos prácticamente cruzados en la carretera con la parte delantera del coche apuntanto directamente a los árboles de la vereda de la carretera. El tiempo se vuelve a detener, gotas de sudor comienzan a fluir por mi sien, mi cuerpo actua por si solo guiado por una parte de mi cerebro de la que no tengo control consciente. Volvemos a girar esta vez en dirección al centro de la carretera, las ruedas vuelven a chirriar, la suspensión blanda del coche de segunda mano hace que el balanceo continue un par de segundos más, el coche sigue en la carretera. Todo está en calma dentro del coche, no hay música, no hay viento, no hay recuerdos, no hay motor, lo único que se oye es el latido del corazón de tres turistas que hacen cosas de turistas y que de momento continuan haciendo cosas de turistas.
yo interpreto que cambiaste de carril al quitarte la mosca. No?
ResponderEliminarjajaja si solo eso pero con mucha literatura!! un beso!
EliminarMacho, que mal lo he pasao
ResponderEliminarjaja, la verdad es que yo tambien, es cierto que estuvimos muy cerca de meternos una buena leche... no lo he exagerado mucho..
EliminarNunca hay que dejar de prestar atención al conducir. "por si las moscas"
ResponderEliminarjajaj que bien traída esa frase.. :)
EliminarLa mosca cojonera, cuídate, un abrazo Paco
ResponderEliminarya ves!! un abrazo!!
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