miércoles, 29 de febrero de 2012

Decisiones bajo la lluvia

El sonido de la lluvia resuena en la estructura metálica que conforma el automovil en el que estoy refugiado. Son las 3 de la mañana de un 23 de febrero, el mismo día que tan malos recuerdos trae a la democracia española. El viento quiere jugar con este viejo coche, lo empuja juguetón meciendo mi cama y haciendo que la botella de agua que tengo bajo mis pies emita sonidos líquidos que recuerdan las reverberaciones de una cueva. Las luces de las farolas juegan con las gotas de lluvia que resbalan por los cristales bruscamente agitadas por las ráfagas de viento. Me encuentro en un parking dentro de la ciudad de Picton en el norte de la isla sur de Nueva Zelanda, un pequeño pueblo costero sin pena ni gloria que sirve de puerto de desembarco para todo aquel que llega desde la isla norte. Ayer la ventosa Wellington hizo honor a su nombre y no paró de soplar durante todo el día, viento mezclado con lluvia y lluvia mezclada con viento que invitaba a quedarse cerca de una estufa y mirar por la ventana mientras se escucha buena música con una taza de té o café entre las manos.

Decisiones, un viaje está lleno de decisiones, algunas acertadas algunas no, pero siempre con un denominador común, es imposible saber que hubiera pasado si... por lo tanto la mejor manera de afrontar una decisión es creer en ella y luchar hasta las últimas consecuencias. Tres días antes, en Turangi, me encontré en un cruce de caminos, presionado a tomar una decisión, seguir con Matthias y Clemens o continuar por mi cuenta, la seguridad de lo conocido o la incertidumbre de lo desconocido. Por aquel entonces no entendí la transcendencia de esa decisión para mis compañeros de viaje, decidí postponerla en el tiempo y continuar unos días más con ellos. El próximo destino fue Whanganui, ciudad a la orilla del rio con el mismo nombre que a parte de una torre de homenaje a los caídos en distintas guerras, algo muy habitual en Kiwiland, no tenía nada más de relevancia. Nuestra intención era quedarnos allí para poder realizar una de las mejores travesías en piragua de esta región. Finalmente se quedó en un par de días en el hostel escribiendo la entrada anterior de este blog, la colada y partidas de ajedrez. No llovía, lucía el sol, pero el problema de no tener un plan fijo es que muchas veces la pereza cobra más fuerza de la que se merece y se hace un factor determinante a la hora de tomar una decisión. Fue agradable, pero ya entonces me empezaba a sentir presionado por mis compañeros de viaje, gente muy maja y que merecen mucho la pena pero con más tiempo para hacer su viaje, más dinero y una forma distinta de disfrutar. No quiero hacer de este blog un gran hermano, pero creo que la gente que conoces es algo importantes en un viaje y, con el mayor respeto posible, no puedo pasar este capitulo sin describir un poco a mis dos compañeros y sus circunstancias. Todos recordáis aquel especulador sin escrúpulos y pequeñito con problemas intestinales que hasta ahora había sido para todos vosotros Clemens. Detrás de esas superficiales primeras impresiones se encuentra una gran persona: paciente, respetuoso, atento, con gran entereza y que ha estado viajando durante casi dos meses con una enfermedad molesta que no le ha permitido hacer prácticamente nada. No tiene fiebre, no le duele nada pero sus problemas le tienen atado cada poco tiempo a un lugar tranquilo donde poder hacer sus necesidades. Lo lógico en estos casos es ir a un médico, quedarse un tiempo en una ciudad hasta que todo se solucione y continuar con un viaje sin planificación pero con mucho tiempo por delante. Matthias, aquel regordete y simpático austriaco que me odiaba por llevarle a un volcán, que conoce a Clemens desde hace más de 10 años resultó ser una persona un tanto manipuladora, habituada a los chantajes emocionales y en mi opinión un tanto inmadura. Matthias piensa que la enfermedad de Clemens es algo más serio que una simple diarrea y cree que en unos días Clemens le va a abandonar para volver a Austria. Su plan desde que me conoció fue abandonar a su amigo en una ciudad mientras este se hacia más pruebas y continuar conmigo su viaje, algo confesado por él mismo.

La pequeña sonrisa en sus labios, su mirada de felicidad dentro de esos ojos cansados me convencieron de lo que sospechaba. La última tarde en Whanganui hablé con Clemens, le dije que debía ir al médico, que su problema seguramente no era grave pero cuanto más tiempo dejara pasar sería peor y no solo por la enfermedad sino también por el tiempo que estaba perdiendo en su viaje. Fue cuando le dije que lo más probable es que no fuera nada, que la sangre no significaba nada, que podría ser cualquier cosa, fue al mirarme con esa cara de felicidad cuando me di cuenta que estaba aterrorizado, y es fácil imaginar, solo, en la otra punta del mundo sin saber exactemente que le pasa y pensando que puede ser algo realmente grave. No ir al médico para no saber que tiene realmente, parece estupido pero es razonable. Conseguí convercerle fácilmente de que fuera al médico, conseguí convencerle que era lo mejor y pasara lo que pasara cuanto antes lo hiciera antes podría seguir o volver a su pais. Al día siguiente partimos hacia Wellington. La ciudad nos recibió con viento y lluvia, día gris, música lenta con sonidos de guitarra y voces rotas. Aquella noche Matthias me introduce en el tablero de su relación con Clemens y me cuenta que han discutido en la furgoneta y que Clemens no quiere viajar con él, pequeña dosis de gran hermano para el alma, y me pregunta si le importa que continue el viaje con él, todo esto con Clemens delante. Siento la presión y no me gusta, no me gusta sentirme presionado por la gente que me rodea, no me gusta nada. Mañana será otro día, lo tenéis que hablar, seguro que no es para tanto, consigo salir al paso pero esa noche decido separar mi camino definitivamente, me da mucha pena por Clemens, pero creo que es lo mejor. Wellington es una buena ciudad para las despedidas, cielos grises, edificios decrépitos, calles anchas, ráfagas de lluvia y viento, charcos y personas con al cabeza baja caminando entre las luces de los locales, buena música y ganas de quitarme el sabor amargo de la boca. No he visto gran cosa de la ciudad pero tendré que pasar por ella más adelante, nos volveremos a ver señora Wellington.

Son las 9 de la mañana de un lluvioso miércoles 22 de febrero. La furgoneta se aleja en dirección al hospital, espero que no sea nada Clemens, nos volveremos a ver Matthias, si pasais por Madrid tenéis una cama para vosotros en mi casa. La táctica de no hablar parece que funcionó, simplemente les dije que iba a coger el ferry esa mañana y que prefería ir solo. Pero el ferry no funcionó, por motivos técnicos tuve que esperar hasta las 8 de la tarde. Una decisión, un teléfono, una canción en la radio, una llamada y vuelta a empezar. Aquí estoy otra vez, en un Mcdonnals con mis dos amigos austriacos, sin hablar. Han estado en el médico pero no han solucionado nada, un médico de familia que ve normal todos los síntomas y que lo achaca a la diferencia horaria entre Nueva Zelanda y Austria, receta una medicina para ir al baño más a menudo hace unos análisis de sangre y se lava las manos. Nuestro viaje continua, juntos, juntos otra vez, consiguen reservar para el mismo ferry que yo y esa noche a las 23:30 llegamos a Picton.

Decisiones, a veces dificil de tomar pero siempre dificil de olvidar preguntarse que hubiera pasado si... pero son las que conforman nuestras vidas, de ellas dependen nuestro viaje y nunca sabemos si hemos elegido bien porque muy pocas veces podemos saber que pasó en el otro lado. Enviado desde Catch Notes para Android https://catch.com
















8 comentarios:

  1. Hola hermano, este blog cada vez tiene más literatura, me gusta. Interesante. Tú lo sabes mejor que nadie pero no te fies de unos austriacos, por si acaso, je je. En una de las fotos ¿os estáis comiendo una tortilla española? debió salirte bien, lo digo por la cara de felicidad de los dos austriacos. Un abrazo, Quique

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    1. Hey bro!! Si, ya he hecho varias tortillas espagnolas y todas con muuucho exito.. me salen dabuti... espero no brasear demasiado con el tono literario, pero me mola mas eso que poner lo que esta pasando literalmente, hay mil blog asi >:)... un beso!!

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  2. Esta vez no se te pegó la tortilla... ¡aúpa esa tortilla al puro estilo Álvarez!. Veo que tampoco quieres que se te pegue otra cosa que no sea el sol de la isla..., bueno, seguro que las decisiones que tomes serán las correctas, bro, aquí seguimos atentos a la story! :) a cuidarse y disfruting!! abrazos

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    1. jejej no... ahora busco bien la sarten antes de ponerme a cocinar... el caso es tomar decisiones, sean correctas o no... un beso!!

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  3. A ver si mandas crònicas màs a menudo, porque saben a poco, procura poner fotos en horizontal, porque es muy pesado dar la vuelta al monitor de 20 kg.

    Sigue tomando decisiones y diviertete

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    1. Hoolaaa supongo que seras Juan.. jajaa no puedo girar las fotos, publico el blog desde el pad y el programa para publicar no es demasiado potente.... un beso!!

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  4. That´s right bro, decisions. Where do you have to make them, how do you have to manage them, when do you have to take them... and, inevitably, you have to make them.
    Although, you can always be sitting on a dock of the bay, wasting time... but I dont think that will be a lot of fun.

    Take care with your decisions!!!! but go for it!!!

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    1. Heeey! broooo! 20th of march!!! and you are talking about something one month ago!! get updated!! hahah, no, i like very much read your comments. Yeah finally you have to take a decision with every thing, the trik is trust with your decisions always!! kisses and hugs!!

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